HOMENAJE A LA MADRE
Por: GUSTAVO ROBLES FERNÁNDEZ
Mamá, dos sílabas de amor, que aprendimos a deletrear en la cuna y que en tu día sublimamos, recordando todo lo bueno, abnegada y tierna que eres.
Hoy, quisiera reventar el corazón de emoción, en el hijo que te tiene presente como una bendición, en el ausente que por el hecho de estarlo siente la congoja de la distancia, en el que te perdió para siempre y te busca con la mirada afligida en el cielo.
Madre, cinco letras como cinco estrellas, que alumbran nuestro derrotero; madre, ángel sin alas, o con ellas invisibles, que con tus besos y caricias, con tus arrullos y cantos, te desvelaste junto a la cuna, y hoy, cuando las canas y arrugas te dan continente de realeza, sigues desvelándote por ellos.
Segundo domingo de mayo, año tras año, abrazos y besos, regalos y brindis, rompen la rutina de nuestra existencia y celebramos el Día de la Madre, así con mayúsculas, como una compensación de la minúscula forma con que la tratamos el resto de días. Debemos superar esta poquedad de la “reina del hogar”, como la llamamos en ciertas ocasiones de euforia, haciendo que este reinado sea permanente en nuestros corazones, sobre las bases de cariño y respeto.
Para conseguirlo es necesario revalorizar a la mujer en su justo mérito a un antes de que sea madre, porque sólo estando conscientes de su valor y haciéndola conocer éste, podemos elevarla a un sitial digno.
Madre, la mujer merece nuestra veneración por la abnegación que puso al criarnos, por oír el perdón que encontramos a nuestras faltas, por el orgullo de que se vanaglorió al descubrir en nosotros alguna cualidad, por las veces que nos acaricio y mimó con inmenso amor maternal.
Mamá, dos sílabas de amor, eres tú el mejor poema de la vida; recibe el corazón de tu hijo.
QUE VIVA EL DÍA DE LA MADRE HOY Y SIEMPRE.